Anémonas para un sueño.

 "Distante en una tierra distante
como a un hombre ciego
ellos me han abandonado"



Monumento funerario con Adonis agonizante
Tuscania.
Segunda mitad del s. III a.C.
Terracota polícroma.
Altura máx. 62,0 cm; longitud 89,0 cm; anchura 40,5 cm
Inv. 14147


Muerte de Adonis.
Adonis no hace caso de los consejos de Venus y ataca a un jabali que lo mata. Venus hace que la imagen de su muerte se repita de forma anual y convierte su sangre en una flor roja y frágil que recibe el nombre de anémona. 
Las Metamorfosis; Publio Ovidio Nasòn. Libro X.

El monumento fue hallado en 1834  por los hermanos Campanari. En él se encuentra representado el mítico joven cazador que yace en el lecho, herido a muerte. La escena patética está realizada con esmero, sea porque proporcione una cierta relación con las últimas vicisitudes del difunto, sea porque el tema fuese uno de los preferidos relacionados con el mito griego que, desde el s. IV en adelante, pueblan la visión etrusca del más allá. A menudo se ha descrito erróneamente como urna cineraria; en realidad, se presenta como un objeto acabado en su conjunto, sin cavidades aptas para albergar cenizas. En su interior se cruzan en forma de damero, unos tabiques de terracota con función estructural. Los orificios presentes en la superficie aseguran la ventilación homogénea de la arcilla durante la desecación y la cocción. Se trata evidentemente de un coronamiento que solía ponerse encima de la caja de una urna cineraria.


La piedad

1
Soy un hombre herido.
Y yo quisiera irme
y llegar finalmente,
piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.

No tengo más que soberbia y bondad.

Y me siento exilado en medio de los hombres.

Mas por ellos estoy en pena.

¿No sería digno de volver a mí?

He poblado de nombres el silencio.

¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.

Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...,

No, odio el viento y su voz
de bestia inmemorable.

Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?

Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?

Quizá el hombre también es indigno de esperanza.

¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?

El pecado, qué importa
si ya no conduce a la pureza.

La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.

Loca y gastada está el alma.

Dios mira nuestra debilidad.

Queremos una certeza.

¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?

Compadécenos entonces, crueldad.

No puedo seguir amurallado
en el deseo sin amor .

Muéstranos una huella de justicia.

Tu ley, ¿cuál es?

Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.

Guiseppe Ungaretti.


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